Miércoles, 20 Diciembre 2017 17:29

Entre el lema y el concepto. Conclusiones al Ciclo Eisenstein.

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El ciclo de Eisenstein nos ha dejado un buen regusto ya que dos semanas después de haberlo finalizado seguimos comentando imágenes, tomas, carteles y conceptos que trascenderán al propio ciclo. Desde la rebelión de un barco a la ensoñación cooperativista; de la problemática de un zar solitario a la fraternización rebelde prerrevolucionaria; de la opresión de clase a la represión de pueblos; conceptos que el autor consigue introducir sutilmente con cierta armonía estética, consiguiendo de este modo hacer que películas que, a priori, podrían tener un marcado carácter propagandístico queden como películas estética y argumentalmente completas con gran valor cinematográfico.

Para entender el cine de Eisenstein hay que tener en  cuenta dos elementos fundamentales: el conocimiento y análisis social que dominaba el autor reflejados en la radiografía de los hechos que se desarrollan en sus películas; y la aportación del binomio imagen-concepto que él mismo denominó ‘cine intelectual’. Es este último elemento, el ‘cine intelectual’ el que logra crear un interés en el espectador, pues asocia una imagen con una sensación y esta sensación con una idea, con un concepto. En ocasiones las asociaciones son fáciles, como, por ejemplo, en la presentación de los personajes “soplones” de La huelga donde es sencillo atribuir las características de los animales que salen con los personajes en los que se convertirán después. Pero las hay mucho más hilvanadas donde el autor consigue arrastrar al espectador desde una imagen común a un concepto ideológico complejo. Es el caso del crucifijo golpeando a modo de maza previo al fusilamiento de El acorazado Potemkin que nos lleva a la idea de que la autoridad reparte la justicia por imperativo divino; o la vaca desangrándose en el matadero mientras masacran al barrio obrero en La huelga; o en Octubre cuando un pavo real autómata sustituye la imagen de Kerensky ante las puertas del zar que inmediatamente se asocia con la contrarrevolución y el mantenimiento del antiguo régimen zarista.

Si bien estos dos elementos son principales características a lo largo de toda la obra, es cierto que no se dan con la misma intensidad. Con la selección de obras que hicimos, podemos distinguir dos etapas: una primera que denominaremos de ‘agitprop’ en la que incluiremos a La huelga, El acorazado Potemkin, Octubre y, por temática aunque con algunas características propias, Lo viejo y lo nuevo; y una segunda etapa, la ‘histórica-patriótica’, conformada por Alexander Nevsky e Iván, el Terrible.

La primera etapa se caracteriza por ser un cine de agitación de corte totalmente social donde, tomando como escenario la lucha de clases y la revolución, el autor inserta de manera contundente los elementos del ‘cine intelectual’ para desarrollar los conceptos más instigadores de clase. Además remarca esta idea con el uso de protagonistas colectivos y la inserción directa de lemas escritos propios de la época tales como “Pan, paz y tierra”  y “Proletario aprende a usar un fusil” de Octubre o “Y como heridas sangrientas inolvidable, en el cuerpo del proletariado, quedaron clavados los sufrimientos de Lena, Talka [...] ¡Recuérdalo, proletario! de La huelga. En el caso de Lo viejo y lo nuevo los elementos concienciadores e incluso los lemas se mantienen, aunque sí se difumina las masas en pos de un personaje vanguardista representado por la campesina Marfa.

Con Alexander Nevsky e Iván, el Terrible el personaje colectivo deja paso a un protagonista único en torno al que se desarrolla la acción. El cuerpo de la historia viene a dar una visión a favor de la unión de la nación rusa con lo que la temática de la lucha de clases queda desplazada por el ensalzamiento patriótico. Es en esta etapa donde los elementos conceptuales del ‘cine intelectual’ quedan más vacíos, llegando a ser meras imágenes simbolistas y líricas. Si en la primera etapa podíamos ver que lo que importaba eran los hechos porque eran colectivos, con la aparición del personaje como eje central de los acontecimientos, se produce un cambio en la narratividad y, como consecuencia, una mayor teatralidad y patetismo en esta segunda etapa.

Con todo ello, hemos tenido la ocasión de ver un ciclo que ha dado lugar a reflexiones sobre conceptos y categorías actuales que hoy por hoy siguen siendo material vigente. Eisenstein no debería verse como un clásico de la historia del cine, sino como cine de ideas y de reflexión, de gusto por las técnicas originales y de aprendizaje social y es así como lo reivindicamos.

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