Go to Belfast. Crónica de viaje (III). Belfast.

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Día 28. Después de sentirnos en ruta, viviéndolo todo en movimiento y acumulando sensaciones a manos llenas, no hay nada como tomarse un café sentados en un banco como uno más de la ciudad. Estamos en Belfast y frente al City Hall nos sonreímos, observamos y decidimos cómo tomarnos el día. En el  Visit Belfast nos proveemos de mapas y folletos y con ellos, y tras comprobar  previamente su posibilidad, fijamos nuestro primer objetivo en la visita de la Casa Consistorial de Belfast (City Hall). Entramos en el distribuidor  vemos su cúpula y la escalinata y recorremos sus pasillos donde nos impactan sus vidrieras conmemorativas.   Se muestran en ellas diferentes hitos históricos como la unión sindical y las huelgas pero hay una que por sus colores republicanos nos conmueve. Sí, en el ayuntamiento de Belfast encontramos lo que parece inverosímil en el Estado español: la conmemoración oficial a los que lucharon contra el franquismo. Sentimientos encontrados frente a la claridad de una vidriera y frente a las oscuridades de fosas sin reconocer.

Al salir del City Hall, comenzamos nuestra visita por el céntrico barrio de la catedral. Llegamos a Santa Ana frente a la que  encontramos la Plaza de los Escritores, un tanto descuidada pero con el atractivo de leer diferentes citas de libros sobre la ciudad de Belfast. En una esquina un monumento con flores frescas. Una nueva demostración de orgullo y veneración a los brigadistas internacionales que nos ayudaron contra la barbarie franquista. Decidimos entrar en la catedral y al abrir la puerta nos topamos con una gentil parroquiana con su correspondiente banda de comunidad religiosa que nos indica las posibilidades de visita. Amablemente nos muestra dónde podemos rezar si tenemos necesidad de ello sin tener que hacer ningún tipo de aportación. Declinamos su oferta y agradecemos su amabilidad pero ya nuestros descarados ojos han observado el interior del edificio y se han impactado con los pendones británicos y todo tipo de añadidos a la fe de la decoración de la iglesia. Fuera y frente a la inmensa aguja que sobresale de la cubierta de la catedral  hay un mural alegórico sobre la paz. Una persona recoge del suelo una maltrecha paloma herida por dos flechas que tienen simbología protestante y católica. Una clara referencia al poso religioso del conflicto norirlandés.

Conflicto Norirlandés

Paseamos por las calles, encontramos unas galerías de murales, varios pubs y restaurantes. Los murales tienen una temática cómica y diversa acorde con una zona de pintas de cerveza y conversaciones distendidas. Ponemos rumbo hacia la ribera del río Lagan y pasamos junto a la Albert Clock Tower, que con el paso del tiempo ha ido inclinándose. Antes de volver a pasar por aquí vamos en busca de una parroquia, la Seaman´s Presbiterian Church, una pequeña iglesia con elementos decorativos que recuerdan al mar y al oficio de la pesca. Es reseñable también algunas estructuras inspirados en los puentes de los canales venecianos. Es una lástima que estuviera cerrada a la visita porque su modestia y particularidades llamaban nuestra curiosidad.

De vuelta ya por la ribera del río nos asomamos a un pequeño muelle. Las vistas no son espectaculares ya que la acción humana y sus megaestructuras consiguen afear el entorno. Si consigues por medio de primeros planos extirpar tales estructuras, el entorno es apreciable pero cuesta eliminar tanto hormigón.

Llegamos a Big Fish, una escultura de un gran pescado que narra hitos de la ciudad  en sus escamas, baldosas impresas con recortes de periódicos. Lo alrededores son agradables, zonas ajardinadas con lugares para el descanso que te llaman a hacer un pequeño picnic y disfrutar del Sol. A este entorno propiciatorio no podía no unirse  una facilidad la “fat truck” que con su comida para llevar nos engancha y nos hace gozar de un sabroso y picante bocado.

Jardín Botánico BelfastDespués de cargarnos con el Sol nos vamos hasta Victoria Square donde hay un centro comercial monumental de arquitectura llamativa con espejos y cristales que juegan con lo que contiene el edificio. Para nosotrxs el valor añadido son sus baños públicos, el shopping no va con nosotrxs.

Hoy es un día de esos que merodeamos alrededor del río y ya de nuevo allí nos encontramos con el Belfast Waterfront, edificio de usos múltiples que cuenta con una ubicación vistosa pero cuya arquitectura exterior no es extravagante. Tal vez su punto fuerte sea la practicidad pero eso como visitantes no lo pudimos apreciar.

Callejeando en dirección al centro topamos con el The Crown Liquor Saloon. Es el establecimiento más antiguo que aún perdura en Belfast. Su fachada con columnas de capitel corintio junto con sus cristaleras estampadas y doradas ubican al que observa en otra época.

Nos apetece la tranquilidad de un parque con lo que iremos al Jardín Botánico. En el camino por el barrio de la Universidad afloran los edificios victorianos. Fisgoneando nos metemos en el edificio principal de la universidad  y damos con la visita de futuros alumnos que con sus padres escuchan lo bueno y maravilloso que tiene esta institución de la mano de sus anfitriones. Nosotrxs hemos entrado, y todo sea dicho, nadie nos dijo nada y puso mala cara aunque tal vez más de unx se preguntaría dónde van esos dos pero siempre de manera tan educada que no pudiéramos percibirlo. Después de la parafernalia y la gente emperifollada continuamos hasta el Jardín Botánico. Damos cuenta nada más entrar del Ulster Museum y echamos un vistazo a su horario para una posible visita otro día ya que estaba cerrado. Lo mismo nos ocurre con el Palm House, invernadero lleno de plantas y colores que prometemos visitar en los días que restan. Disfrutamos del parque, fuimos a la caza (foto) de un juguetón petirrojo, tocamos árboles y escuchamos sus silencios y sonidos. 

Ya recogido todo y como es costumbre nos regocijamos de lo vivido con unas pintas de cerveza siendo  lugar elegido el pub Five Points, un pub que es menos de diario pero muy entretenido. Desde un numeroso personal que siguiendo un escrupuloso ritual preparaba  los combinados, hasta una clientela donde un trilero y su compadre dejaban boquiabiertos a la pareja con la que compartían mesa. Sorpresas, sonrisas y rica cerveza para despedir el día.

Dia 29.  Té, tostadas y relajación son los desayunos a primera hora en un albergue. El ruido de última hora del día contrasta con el silencio que sólo de vez en cuando se rompe con puertas que se abren y se cierran. Después, un paseo tranquilo hasta el centro estando alerta de poder pillar un café para llevar. Llegamos a la Donegall Square frente al City Hall y allí cogemos uno de los llamativos autobuses de línea de dos plantas que nos llevará hasta la prisión de Crumlin Road. Frente a la prisión, el destartalado y ruinoso sanatorio de Crumlin. La prisión, ya cerrada, se mantiene como edificio para visitar. Nos hubiera gustado pero no somos partidarios de que un guía a modo alguacil nos vaya abriendo celdas y diciéndonos que ya se acabó nuestra hora de visita. 


ShankillBajamos hacia Shankill Road,  feudo del lealismo y del sentimiento probritánico. Entre murales y memoriales con un alto contenido ideológico se desarrolla un bullicioso  y agradable día a día. La gente se muestra viva y nos identifica pero a la vez nos ayuda en nuestra visita al ver  nuestro respeto a sus símbolos e ideas, pese a no compartirlos. Un señor nos agasaja con un regalo y nuestra mente prejuiciosa nos hace sacarle un “no money” para aceptarlo. Pese a encontrarnos con nuestra némesis para nada nos sentimos del todo incómodos. Caminando ya hacia la frontera de las ideas, hacia la otra orilla ideológica atravesamos una zona inhóspita antes de encontrarnos con el muro físico, con la segregación, el final y el principio de lo contenido. La zona de Falls Road al otro lado, una puerta y una carretera se abren y dejan traspasarnos a la zona neutral. Pasar por el resquicio de esa puerta, la idea del amurallamiento y de uso del cartel road close que encontramos a nuestro lado contiene un sentimiento afilado y desgarra.  

Muro BelfastPasamos por la zona neutral. Vemos sus murales en favor de la convivencia pero ya va siendo hora de dejar esa parte atrás y pasar por la segunda puerta que nos abre el camino hacia el otro lado. Una vez en Falls Road miramos a una acera y a otra buscando signos, símbolos. Nos encontramos con  el mural de Bobby Sands y sus palabras “nuestra venganza será la sonrisa de nuestros hijos”. Difícil no conmoverse ante este mural con tanto significado. Hemos cargado tantos sentimientos en tan pocas horas que necesitamos hablar delante de un café. Entramos en McCarrtanˋs, un pub irlandés donde esperamos encontrar algo de calor. Es día de derbi, Glasgow Rangers contra Celtic de Glasgow, y las camisetas y bufandas blanquiverdes arropan el local. Pedimos un café con leche y pese a no tener, el dueño nos invita a tomar asiento para ver qué puede hacer. Al rato llega con dos cafés en unos improvisados vasos y dos trozos de pastel. Nos pregunta de dónde somos y se alegra al saber de dónde venimos compartiéndolo con sus clientes habituales que igualmente se congratulan de nuestra presencia. Nos desea que disfrutemos del café y el pastel y de nuevo vuelve a su faena. Júbilo, sonrisas, miradas cruzadas, penalti y gol del Celtic. Es difícil reemprender la marcha al sentirse tan arropados y más al dar cuenta de que todo fue una invitación de bienvenida, de corazón, de fraternidad y de internacionalismo. Es aquí en Belfast donde reside la esencia y el sentimiento internacionalista y sus habitantes lo cuidan con esmero como hemos visto en varias muestras. Ésta es la más personal pero no podemos olvidarnos de sus memoriales en favor de la lucha de las Brigadas Internacionales contra el fascismo en España.  

Retomamos el camino retrocediendo hasta el mural de Bobby Sands. Allí vemos un cartel que indica que hay un museo republicano irlandés y sin pensarlo dos veces entramos. Justo antes de entrar hay un monumento a la lucha en retaguardia, se erige en honor  a quienes sustentaban la lucha, mayormente mujeres aunque también las hubo y habrá en primera línea. El museo está formado con recuerdos y  objetos  de los colección de una militante del IRA. Se puede entrar a una reproducción de su oscura, húmeda y fría celda. Ya en la parte de la exposición se ven insignias de diferentes colectivos afines, recortes de periódicos, armas, objetos de defensa activa y uniformes de diferentes grupos y rangos. Es un museo gratuito en el que cualquier donación es agradecida ya que ayuda a su mantenimiento y con ello se honra la memoria y lucha de la militante.  

Tras unos murales reivindicativos y la  visita a memoriales a los caídos en la lucha contra el intervencionismo británico ya tocaba nuestro primer fish & chips. Un picnic con riesgo de ser desapacible por el viento pero con banco en parque y todo.
Memorial Falls RoadDespués de nuestro breve pero agradable picnic caminamos por toda la larga Falls Road buscando todo lo que se nos quisiera mostrar sin descartar desvíos a callejuelas. Glorias a sus héroes y heroínas, a sus hitos históricos, reivindicaciones contra el intervencionismo desde Stormont, denuncia de la situación de lxs hasta hoy presxs politicxs, etc. Enormes cantidades de declaración de intenciones, de orgullo de pueblo y clase en un barrio cuyo día a día parece paciente y tranquilo. Ya en la otra punta de Falls Road cogemos un autobús que nos lleve cerca del albergue. Miramos a todos lados y de golpe no queda más remedio que apretar el botón rojo, nos bajamos y asombrados damos con otra amplia muestra de murales. Es la zona de confraternización internacionalista. En ella encontramos reivindicaciones zapatistas, recuerdos a la Chile de Allende, un homenaje a Fidel Castro, el posicionamiento a favor de la autodeterminación de Catalunya, la denuncia a la política de dispersión contra presxs políticxs vascxs, etc. Un día marcado por la libre expresión de ideas, por el acogimiento y la unión entre pueblos.

 Marchamos de Falls Road, esta vez sí,  con la sonrisa puesta, saciados de espíritu luchador y con energías para un futuro prometedor. Ahora nos toca reponer fuerzas y descansar piernas. Para celebrar el gran día, una cena en el albergue con una variedad de sidras de diferentes marcas y sabores.

Murales Belfast

Día 30. Bajas las escaleras de la litera, ducha rápida, tostadas tempranas con té, sonrisas y gozar del tiempo. Así suele ser nuestro ritual mañanero en un albergue. Hoy lo cumplimos antes de dirigirnos al llamado barrio del Titanic. En el camino, cruzando el río nos aborda un ciclista. Las conversaciones con gente de bici no pueden ser no amistosas y de nuevo esta vez se cumple. Tras la breve conversación somos conscientes de que de nuevo somos bienvenidos y de que la gente, como en cada lugar, discrepa del uso turístico fácil de cualquier hito histórico indicándonos que aprovechemos bien nuestra visita a esa zona y que no acabemos haciendo la típica visita al museo del Titanic dejando de lado los astilleros reales de Belfast. Es domingo y no perdonamos nuestro segundo desayuno. Que no falte un café y el probar dulces nuevos. Hoy le toca a un rico scon de frambuesa y una tarta de almendra.

Museo del TitanicSeguimos río abajo, a la desembocadura se le espera pero queda muy lejos. La anchura del Lagan nos engaña. Vemos la reconstrucción de un dique con barco de vapor antiguo y todo. Es parte de lo advertido pero es llamativo. Llegamos a la atracción turística, el imán del negocio y la pérdida de tiempo, el Museo del Titanic. Pasamos por su hall de entrada para husmear y decirle que no cuente con nosotrxs, los ruidos y la foto de bienvenida nos resulta inquietantemente familiar. El edificio es de Franz Gehry, no resalta en el entorno como el Guggenheim de Bilbo y salvo los. materiales utilizados no nos recuerda al concepto que tenemos del arquitecto. Una gran explanada trasera  donde se representa  a través de diferentes marcas la envergadura de la cubierta del barco completa la zona de explotación turística donde los grupos vociferan y empuñan sus paloselfies con su cara de foto. Al lado derecho podemos ver las gigantescas grúas del puerto de Belfast llamadas Sansón y Goliat. Parecen cercanas pero de nuevo las distancias no son lo que parecen. No queremos ceder en el empeño por llegar a la zona más puramente portuaria pero las ráfagas de viento nos retroceden los pasos. Finalmente sin desoír lo conversado con el ciclista debemos no cumplir nuestras intenciones.

Era la hora y en otro lado nos esperaba el St. George`s Market. Situado en el barrio céntrico de la ciudad, entramos en este mercado tradicional con productos de la zona , comida casera y  artesanía y en ocasiones, que suerte la nuestra, también con música en directo.  Sus banderitas triangulares de colores, el ambiente alegre y  su cuantiosa bebida y comida hacen de este mercado una auténtica verbena semanal.  En cada puesto buscamos cuál será nuestro recuerdo en el paladar y como no podía ser de otra manera es el queso quien se lleva de nuevo el premio. Un recuerdo para disfrutar en la mesa de casa.


St. George`s Market

Después de comer toca volver a reencontrarnos con el Jardín Botánico. En el camino percibimos una marcha y creyendo que es una hermandad universitaria o algo por el estilo, ya que estamos en ese barrio, nos encontramos con una hermandad orangista con sus bandas naranjas, su estandarte con la mano roja y sus tambores y flautas marcando el paso. " Marcha orangista BelfastExperiencia a vivir, siempre con respeto. La suerte nos tenía que hacer su último regalo antes de volver a Barcelona. Estas marchas las hemos visto numerosas veces por televisión y hemos escuchado como han sido motivo de auténticos y serios conflictos entre las comunidades católicas y protestantes y ahora lo hemos vivido in situ aunque esta vez sin ningún tipo de altercado, solo con nuestro respirar atónito y la eterna sombra de un coche policial.

Continuamos nuestra visita hacia el Jardín Botánico y  al Palm House,  un edificio invernadero donde disfrutamos de olores, colores y de muchas plantas  que no habíamos visto nunca, bajo una atmósfera cálida y húmeda. Miramos nuestro relojes y vemos la posibilidad de visitar el Ulster Museum. Era una visita descartada pero recordamos la recomendación  del chico de recepción del albergue y nos animamos a echar un vistazo. Es un museo total, con un auténtico marasmo de contenido de diferentes ramas de las ciencias naturales y humanas. Desde enormes reproducciones de animales hasta una momia en su sarcófago. Una visita muy entretenida en la que tuvimos la última toma de contacto institucional con el motivo  principal de nuestro viaje al Norte de Irlanda, el conocer de cerca realidades del conflicto norirlandés. La ciudad y su gente está cargada de signos por lo que hasta no despegar no dejaremos de percibir referencias sobre su historia.

Se acerca la despedida de este viaje trascendente, emocionante y vivo. Celebramos nuestra partida a Barcelona en Lavery`s. No nos queremos ir pero la satisfacción plena no entendería de sollozos y caras tristes junto a nuestras apreciadas pintas de cerveza.

Medios

Go to Belfast. Belfast
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