Andiamo in Italia (I). Firenze.

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El avión nos dejó en Roma y nuestro primer capuccino del viaje nos llevó hasta el andén del tren “ regional veloz” que nos dejaría en nuestra primera parada: Florencia.Después de otro trago de pasillos de estación, tras los de la anterior en Roma y los del aeropuerto de Fiumicino, salimos a otra parte del mundo. Sensaciones similares, no estamos fuera de la zona de confort europea, pero se ven tonalidades y gestualidades que aún, y pese a la globalización de costumbre, nos muestra diversxs. Buscamos el albergue al otro lado del río Arno para poder dejar la pesada maleta y poder así dar un pequeño paseo por la ciudad en la que estuvimos 3 días. En ese pequeño paseo recogimos las primeras impresiones por la Piazza de Santa Maria Novella y nos desbordamos con la grandiosidad de  la Piazza del Duomo con el Baptisterio de San Juan, Santa María dei Fiori y el Campanile di Giotto. Un primer vistazo corto fruto de un largo día de viaje que terminó con una ducha regeneradora y el alivio de encontrar una litera donde tumbadxs intercambiar nuestras primeras impresiones.

Piazza del Duomo Firenze

David de Michelangelo

 

 

Al día siguiente, 8 de marzo, nuestros cuerpos en Florencia pero nuestras mentes intermitentes entre las luchas por la igualdad radical y las ganas por aprender con cada impresión nueva que recibamos en este viaje. Durante el día recibimos gestos de nuestras luchas contra el violento sistema patriarcal que padecemos; una performance de adolescentes que denuncia la violencia machista y una manifestación del movimiento radical florentino. Vimos algunos gestos pero con el sentimiento agridulce de no formar directamente parte de ellos.

Nuestro primer día completo en Florencia comenzó con una visita a uno de los platos fuertes y que a priori sin debate parece irrechazable: la Galleria della Academia y el David de Miguel Ángel. Nos han devuelto parte de una entrada por la conmemoración del Día de la Mujer y pese aceptarla gratamente siempre queda nuestra contradicción feminista de si  ese debe ser el límite máximo institucional por la igualdad. Una vez dentro, y fruto de la impaciencia , vamos directxs a admirar el tremendo David, tremendo su ceño fruncido que delata el hecho violento que acaba de acometer, tremenda su mano, sus venas, sus uñas.

La siguiente parada, tras una sesión de fotos a la Piazza del Duomo y su inabarcable conjunto, nos hace buscar un clásico en nuestros viajes, un mercado en funcionamiento para los que hacen vida allí. Vamos al Mercato Centrale, colores vivos y paradas tradicionales en la planta de abajo, parafernalia y comida con color y sabor  de plástico en la segunda planta. Nosotrxs sólo ponemos ojitos a aquello que nos sería útil si viviéramos allí y con deseo vemos las diferentes tentaciones. En un puesto te hacen la pasta fresca para llevarla del día y cabiendo la posibilidad de tomar una ración, en una parada rápida, acompañada de una salsa por unos 5€.

 

Nerbone Mercato Centrale Firenze

 

Hubiera sido nuestro objetivo si no se hubiera cruzado Nerbone y su panino di porchetta con vaso de vino.Lugar que mezcla lo turístico con la tradición dejando ver cómo la gente se entremezcla entre clientes habituales que se dan el capricho y los turistas que nos quedamos marcados por haberlo degustado. Después de este intenso aperitivo buscamos un lugar donde comer, sentarnos  y charlar mientras nos tomamos un plato de pasta, dando por colofón con un pedazo, a la par de pequeñín, café expresso en L`Osteria del Ok.

Satisfechos tras la comida decidimos ir a por otro lugar esperado la Piazza della Signoria pero durante el camino y de manera inesperada damos con un palacio renacentista y la chiesa de Orsanmichelle dos preciosos rincones ocultos de la masificación tan necesarios al hacer de tu viaje algo más tranquilo y auténtico.

Perseo Piazza della SignoriaSe levanta viento y entre claroscuros llegamos a la piazza.  La magnífica estatuaria nos deja boquiabiertos y tras sacar fotos con los diferentes puntos de vista escuchamos el secreto que Perseo guarda en la parte posterior de su casco y su melena: el autoretrato del autor. Benvenuto Cellini se suma así a la lista, que parece inagotable, de enemigos de los Medici. Ya se sabe, la gente de poder siempre dando la nota y consiguiendo todo de manera parasitaria. Decidimos pasear hasta el Ponte Vecchio pasando por la concurrida galería de los Uffizi con sus 17000 m² plenos de arte y con los que formalizamos una en cita en nuestro asegurado reencuentro con  Florencia. 

Ponte Vecchio (3) Firenze

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ribera del Arno, por momentos entre colores dorados y grisáceos, nos lleva hasta el Ponte Vecchio. El puente de las joyerías cuya vistosidad escapa  y sobrepasa el descarado valor de las joyas. La gente nos asomamos al río, gustamos de su ambiente y son pocos los que se prueban artilugios vanidosos mientras lo preciado, las vistas del río, quedan en un segundo plano. Un paseo por el barrio que queda al otro lado del Arno nos lleva por el Palazzo Pitti hasta la puerta romana. Allí llegamos al trasiego más propio de la cotidianidad y decidimos reclamar nuestra ración, en este caso, de caffe latte. De vuelta al albergue decidimos dar una vuelta más por los alrededores de la Piazza del Duomo donde encontramos lo que buscábamos en un día tan importante para nosotrxs: la reivindicación de la igualdad radical entre  géneros. Este día tan fantástico no podría acabar de otra manera que con una buena y tranquila cena: don pizzas y el broche de un libidinoso helado.

Comienza el día en el que ponemos objetivos diferentes a la Florencia de postal. Desayunamos en el que ya formalmente hemos decido llamar “nuestro sitio”, el S. Forno (Via Santa Monaca, 3), dos cafés  tipo americano, con sabor italiano, y unos pastelitos de ricotta y crema acompañados por nuestro favorito pan con pasas o pan di ramerino. Fuerzas necesarias para nuestra caminata hasta S. Miniato al Monte que cuenta con una subida por unas empinadas escaleras pero que van ofreciendo recompensas por su camino.

Giardino delle Rose. Firenze

La más destacable es el Giardino delle Rose al que pudimos acceder y desde el que además de gozar de un jardín maravillosamente cuidado tuvimos unas vistas panorámicas de la ciudad increíbles. Tras el esfuerzo, la gran recompensa: la Abazzia di San Miniato al Monte.  

Un objetivo que por su fachada  puede parecer una más por su similitud  con Santa María Novella y Santa María dei Fiori, pero las sorpresas las tiene por dentro. La zona de la cripta, en el piso inferior, que es del SIX y donde se encuentra la tumba del santo, y  del altar son las más impresionante. En el piso inferior pudimos ver  su columnata donde la escasa luz que se cuela del exterior  te muestra partes del altar y de los frescos que decoran cada bóveda. En la planta principal, el altar se encuentra coronado por un baldaquino, que nos encontramos en restauración, y por un interesante pantocrator. Numerosos detalles para una iglesia que no es tan conocida y que por ello la hace aún más única por el sobrecogimiento y la admiración que produce su visita.

Ponte Vecchio (2) FirenzeTras el impacto de S. Miniato bajamos de nuevo en dirección hacia el río por la Piazzale de Michelangelo. De nuevo, nos encontramos con una vistas panorámicas pero esta vez más concurridas y por lo tanto algo menos degustables que las que habíamos tenido en el Giardino delle Rose.  Bajamos y cruzamos el río llegando a dar a una inesperada y nada aconsejable vuelta alrededor de la comandancia de los carabinieri o la cárcel de Florencia. Estas sorpresas son fruto de la improvisación, unas veces sale bien y en otra quedas al fin y al cabo como un simple turista dando vueltas por donde no hay nada con una cámara en la mano. Seguimos nuestro camino y nos encontramos con la Chiesa de la Sta. Croce cuya amplia plaza más tarde supimos que  el día anterior estuvo llena de tifosi llorando la muerte del capitán de la selección de Italia y que  por suerte pudimos disfrutar de forma tranquila. Desde allí nos adentramos por el barrio judío donde vimos la gigante cúpula azul de su sinagoga y del mercado de Sant’Ambrogio con sus bocatas de tripa, aún más típicos en su consumo que la porchetta por ser más económicos, y su lugar donde comprar pimientos recién asados.


Piazza di Santa CroceUn mercado de barrio que se aleja totalmente de ser un paradero turístico. Después dimos unos últimos recovecos antes de comer en un restaurante “sin servizio” que se llama la Cucina del Ghianda. Allí sin complejo pero sin saber muy bien lo que hacíamos, ya que  nos liamos un poco con el orden a seguir entre el pedir, pagar y transportar, tuvimos una experiencia que resultó ser un cúmulo de risas, a veces entre nervios , pero sobre todo una buenísima comida, incluido su “crostini de lengua”.

La tarde ya fue más tranquilas con unos últimos hilos que nos quedaban pendientes como la Fontana del Porccelino  y, algo más en detalle, la Badía fiorentina, el palazzo de Borgello y el conjunto de la basílica de San Lorenzo encargada de construir,  como no podía ser de otra manera, por un Médici.

El destino nos hizo coincidir en el tiempo con la feria del chocolate y no pudimos dejar de probar la fruta escarchada con chocolate. De naranja, mango, papaya y otra fruta, que hasta ese momento no conocíamos, el cedro. El gusto y textura de la fruta era más similar al de una gominola pero aún así nos estuvieron muy ricas.  Último cruce del río Arno hacia el albergue y ya algo cansados nos provisionamos de cena y buena y barata cerveza Poretti con la que disfrutar una cena que no podría tener otro broche que un helado en la Gelateria La Caraia junto al río.

En Florencia hemos admirado la cultura renancentista, nos hemos preguntado por momentos históricos como la crecida del río de 1966, hemos gozado con todo tipo de comidas, hemos visto la luz que sólo parece  haber en Italia pero, sobre todo, nos hemos vuelto a reenganchar a vivir donde vayas de cerca y al logro de ir quitándonos miedo a meter la gamba y así buscar no perdernos tanto.

 

 

 

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Viaje a Italia. Florencia
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