Miriam Muñoz Martín

Miriam Muñoz Martín

El ciclo de Eisenstein nos ha dejado un buen regusto ya que dos semanas después de haberlo finalizado seguimos comentando imágenes, tomas, carteles y conceptos que trascenderán al propio ciclo. Desde la rebelión de un barco a la ensoñación cooperativista; de la problemática de un zar solitario a la fraternización rebelde prerrevolucionaria; de la opresión de clase a la represión de pueblos; conceptos que el autor consigue introducir sutilmente con cierta armonía estética, consiguiendo de este modo hacer que películas que, a priori, podrían tener un marcado carácter propagandístico queden como películas estética y argumentalmente completas con gran valor cinematográfico.

Para entender el cine de Eisenstein hay que tener en  cuenta dos elementos fundamentales: el conocimiento y análisis social que dominaba el autor reflejados en la radiografía de los hechos que se desarrollan en sus películas; y la aportación del binomio imagen-concepto que él mismo denominó ‘cine intelectual’. Es este último elemento, el ‘cine intelectual’ el que logra crear un interés en el espectador, pues asocia una imagen con una sensación y esta sensación con una idea, con un concepto. En ocasiones las asociaciones son fáciles, como, por ejemplo, en la presentación de los personajes “soplones” de La huelga donde es sencillo atribuir las características de los animales que salen con los personajes en los que se convertirán después. Pero las hay mucho más hilvanadas donde el autor consigue arrastrar al espectador desde una imagen común a un concepto ideológico complejo. Es el caso del crucifijo golpeando a modo de maza previo al fusilamiento de El acorazado Potemkin que nos lleva a la idea de que la autoridad reparte la justicia por imperativo divino; o la vaca desangrándose en el matadero mientras masacran al barrio obrero en La huelga; o en Octubre cuando un pavo real autómata sustituye la imagen de Kerensky ante las puertas del zar que inmediatamente se asocia con la contrarrevolución y el mantenimiento del antiguo régimen zarista.

Si bien estos dos elementos son principales características a lo largo de toda la obra, es cierto que no se dan con la misma intensidad. Con la selección de obras que hicimos, podemos distinguir dos etapas: una primera que denominaremos de ‘agitprop’ en la que incluiremos a La huelga, El acorazado Potemkin, Octubre y, por temática aunque con algunas características propias, Lo viejo y lo nuevo; y una segunda etapa, la ‘histórica-patriótica’, conformada por Alexander Nevsky e Iván, el Terrible.

La primera etapa se caracteriza por ser un cine de agitación de corte totalmente social donde, tomando como escenario la lucha de clases y la revolución, el autor inserta de manera contundente los elementos del ‘cine intelectual’ para desarrollar los conceptos más instigadores de clase. Además remarca esta idea con el uso de protagonistas colectivos y la inserción directa de lemas escritos propios de la época tales como “Pan, paz y tierra”  y “Proletario aprende a usar un fusil” de Octubre o “Y como heridas sangrientas inolvidable, en el cuerpo del proletariado, quedaron clavados los sufrimientos de Lena, Talka [...] ¡Recuérdalo, proletario! de La huelga. En el caso de Lo viejo y lo nuevo los elementos concienciadores e incluso los lemas se mantienen, aunque sí se difumina las masas en pos de un personaje vanguardista representado por la campesina Marfa.

Con Alexander Nevsky e Iván, el Terrible el personaje colectivo deja paso a un protagonista único en torno al que se desarrolla la acción. El cuerpo de la historia viene a dar una visión a favor de la unión de la nación rusa con lo que la temática de la lucha de clases queda desplazada por el ensalzamiento patriótico. Es en esta etapa donde los elementos conceptuales del ‘cine intelectual’ quedan más vacíos, llegando a ser meras imágenes simbolistas y líricas. Si en la primera etapa podíamos ver que lo que importaba eran los hechos porque eran colectivos, con la aparición del personaje como eje central de los acontecimientos, se produce un cambio en la narratividad y, como consecuencia, una mayor teatralidad y patetismo en esta segunda etapa.

Con todo ello, hemos tenido la ocasión de ver un ciclo que ha dado lugar a reflexiones sobre conceptos y categorías actuales que hoy por hoy siguen siendo material vigente. Eisenstein no debería verse como un clásico de la historia del cine, sino como cine de ideas y de reflexión, de gusto por las técnicas originales y de aprendizaje social y es así como lo reivindicamos.

Domingo, 03 Diciembre 2017 16:21

Eisenstein. Memorias inmorales.

Director de Octubre, La HuelgaEl Acorazado Potémkin... y un PERSONAJE. En su libro Eisenstein: Memorias inmorales (Torres de papel, 2014) tenemos la posibilidad de entrever cómo fue el director, sus amistades, sus preocupaciones técnicas y sus recuerdos. No se tratan de unas memorias al uso, lineales, narrativas y ordenadas, sino que más parecen unas burbujas que explotan contándote impresiones, 'ensoñaciones' como él las llama, que hacen que resalte más la personalidad y las vivencias estrafalarias del autor.

Su vida comienza  como el 'chico de Riga', hijo de un militar de alto rango zarista, educación alemana e influencia napoleónica, pero también  de la Revolución francesa y La Comuna de París que descubre en un libro de la biblioteca de su padre y que le fascina por ser un ejemplar prohibido. De su padre dice que es un tirano y gracias a la rebelión ante esa figura comienza a tener consciencia social.  Señala:

Las simientes de la protesta  social fueron implantadas en mí, no por las desdichas de la injusticia social, de las privaciones materiales, y no en una lucha zigzagueante por la existencia, sino directa y totalmente desde el símbolo maestro de la tiranía social, la tiranía paterna en la familia, la supervivencia de la tiranía del jefe del clan desde la sociedad primitiva.

Durante la Revolución rusa ejerció como ingeniero del Ejército Rojo, encargándose de las defensas a través de la construcción de puentes en Petrogrado y Jolm, donde cuenta una experiencia casi mística en un kúlak. Después de esto y con las imágenes de  la guerra en su cabeza comenzó la producción de su obra cinematográfica, imágenes que utilizó claramente en Octubre, Potemkin y Alexander Nevsky. Relata cómo rompe con el Proletcult y lo acoge la revolucionaria Nina Agadzhanova 'Nooneh' y  cómo un día se levantó famoso, con Potemkin y eso le llevó a tener una vida dedicada a las conferencias, a los viajes y a uno de sus objetivos: Hollywood.

Es en esos viajes donde se nos presenta al autor más loco, al personajón.  Su conferencia en la Sorbonne, donde la censura impidió la proyección de Lo viejo y lo nuevo, acabó con la irrupción de la policía en la universidad y la expulsión de Eisenstein de Francia. 7 días le dieron y fueron 7 días de encuentros con una variedad de personajes públicos que van desde Moritz, Painlevé,  Etienne de Beamount, el nieto de Victor Hugo, Paul Éluard (con el que se ve involucrado en un escándalo en el teatro) hasta Cocteau, al que le dedica un capítulo aparte. Explica los motivos de su expulsión y parece ser que fueron por temas religiosos y firmados directamente por orden papal.

Continuando su viaje, nos habla de  en el 'Congreso de cineastas independientes de La Sarraz' (1929) y de su encuentro con Pirandello, del que era un gran amigo, y cómo éste le proporciona una reunión con el banquero y productor de Paramount, Otto H. Kahn en Berlín del que saldría un acuedo para ir a Nueva York y luego a Hollywood para hacerse cargo de rodar Una tragedia americana, que en palabras del autor era un caramelo envenenado que ofrecían a todos los directores extranjeros. La lucha política y, sobre todo, económica entre MGM y Paramount y un contrato en el que él tenía capacidad de veto, hizo que la relación saltara por los aires y que Eisenstein se viera obligado a marchar primero a Buenos Aires y luego a México, donde residió un tiempo y quedó enamorado de sus colores, su mezcla de catolicismo y paganismo y su burla hacia la muerte y del que dice " México- lírico y tierno, pero también brutal".

Pero no habla de más de su vida en actos, ni de su regreso a la URSS, tampoco de la relación con el gobierno de Stalin (del que por las notas de sus alumnos en el libro, no parecen muy buenas). Sí que nos muestra su curiosidad por los libros y las librerías, capítulos que son una gozada para los librófilos y que muestran la gran cultura y su amor por ellos. "Los libros se aferran a mí. Bajan volando hacia mí, corren hacia mí, se me pegan", dice, mientras te describe una librería en Riga, Petrogrado o París. También, sus incertidumbres sobre la parte técnica del cine: la introducción del color, la mejora del sonido, el cine intelectual, el concepto de imagen como creadora de emoción y a la vez de concepto. Nos habla de su cine, anécdotas que inspiraron ciertas escenas de sus películas, proyectos desechados y proyectos futuros como la frustrada película sobre el poeta Púshkin.

El libro es una joya para aproximarte al director y su obra. Es divertido, entusiasta, loco y completo conceptualmente. No es una autobiografía ni unas memorias aburridas; tampoco es inmoral y de eso te avisa al principio el autor. Es un buen relato casi de ficción que bucea a veces en el ensayo teórico de una manera muy liviana y que lo hace ser un libro muy recomendable.

Viernes, 24 Noviembre 2017 14:24

Jornadas 'Literatura y revolución'. Apuntes

Hemos podido asistir a dos de las Jornadas sobre Literatura y revolución organizado por Tigre de paper en la librería Taifa (Gràcia, Catalunya). Las charlas han girado en torno a dos libros que la editorial ha publicado recientemente aprovechando la celebración del centenario de la revolución rusa de 1917:  Sis mesos rojos a Rússia de Louise Bryant y Els Soviets de Andreu Nin. 

Apuntes sobre Periodismo y revolución.

Louise Bryant cogió sus cosas y se fue a la Rusia revolucionaria. Y se fue porque cuestionó todas las opiniones mediáticas mayoritarias. De ese experiencia nació Sis mesos rojos a Rússia. Las ponentes Laia Altarriba (Jornada) y Sara Blázquez (Setembre) apuntaron cómo la autora fue a contar la revolución no desde los puros hechos históricos, los grandes, sino cómo se consiguió la revolución desde la sociedad, describiéndola desde los barrios, desde la gente, tal como estaba llegando y formalizando, desde las contradicciones propias y sin caer en el panfletismo. En esto Laia Altarriba nos contó su experiencia en Venezuela y en el Kurdistán y señaló la importancia de pisar el terreno, de salirse del ‘periodismo incrustado’, esto es, del periodismo-ejército vinculado al poder para contar un hecho.

También, y relacionado con el hecho de que la autora fue comunista, formularon el debate moral (y recurrente) de tomar partido/ rigurosidad. Laia Altarriba hizo mención de Bajo el fuego (Roger Spottiswoode, 1983) cuestionando el planteamiento de esta película, en tanto que la ausencia de rigurosidad, aunque sea a favor de una revolución, puede ser al final contraria al propósito de la misma. En ese mismo sentido, Sara Blázquez planteó el debate de la implicación en el periodismo. ¿Hasta qué punto se puede? ¿Cómo hacer periodismo sin caer en el panfletismo? De estas cuestiones llegó a la conclusión de que el periodismo siempre es subjetivo y es intencional, pero la tarea de un periodista revolucionario es hacerlo desde el beneficio común.

Así, desde la figura siempre presente de Bryant, y reivindicándola desde el feminismo, el socialismo y el periodismo crítico, las conclusiones y el debate posterior se enmarcaron en ese periodismo de tomar partido y ser riguroso, señalando como uno de los puntos principales el conocer la realidad de primera mano sin tener unos intereses económicos detrás que te obliguen a crear un mensaje determinado y la necesidad de conquistar un espacio de mayor proximidad y más social como elemento empoderador y revolucionario.

Breve resumen de Del soviets als CDRs.

No pudimos asistir a la segunda e interesante sesión de las jornadas que llevaba por título Revolució és nom de dona, pero sí que estuvimos en la tercera y última jornada que entabló las posibles relaciones entre los soviets y los actuales CDR (Comités de Defensa de la República) que se están produciendo a lo largo de todo el territorio de Catalunya. Para establecer posibles analogías y utilizando la nueva edición de Els soviets de Andreu Nin, contamos con la gran contextualización que hizo el historiador Joan Tafalla y el relato de primera mano que hizo Pep Muñoz, miembro del CDR Sallent.

Para profundizar en el texto de Nin, Joan Tafalla repasó brevemente los detalles de la Revolución rusa. Comenzó explicando cómo de los soviets sólo el 10% era proletariado, en su mayoría mujeres predominantes en las fábricas, puesto que la mayoría de los que se alzaron contra el régimen zarista eran campesinos y de las zonas más oprimidas, y fue la confluencia de estas cuatro luchas la que lanzó el triunfo de la revolución. Señaló como libro imprescindible para entender lo que significó esta unión de luchas y su alcance posterior el también recién editado Código soviético de la familia por El viejo topo. En este contexto, y ya en el año 32, Nin recoge sus experiencias de los 10 años que estuvo en Moscú en un cuaderno divulgativo de la colección Cuadernos de cultura. De su conocimiento directo, en el terreno, se muestra ese ‘todo el poder para los soviets’ de Lenin, porque verdaderamente fue la organización de estos, sobre todo a partir de la fallida revolución de 1905, la que consiguió defenderse, convocar las huelgas, crear una república que en nada se pareciera a las burguesas occidentales. Señala que las masas, cuando se mueven, son capaces de crear cosas. Sin embargo, Joan Tafalla señala una carencia en los textos de Nin: la ausencia del mundo rural, donde la organización en torno a soviets apenas existía ya que poseían una estructura antigua, de época feudal, que era la comuna rural, y cómo estas, llevadas por los emigrantes del campo a ciudad a trabajar a las fábricas la llevaban interiorizadas y las hacía ejercer en los soviets y en los sindicatos.

La organización horizontal, de base, la resistencia a un estado opresor o el control del territorio hacen enlazarlos con los CDRs actuales, con muchas pinzas como señaló Pep Muñoz. Por una cuestión muy básica: los contextos son extremadamente diferentes. La ausencia de unas necesidades radicales, el nivel de comunicaciones y, sobre todo, la falta de cuestión unánime de clase, puesto que los CDRs se organizan por una cuestión nacional, son señalados como claros diferenciadores de los soviets. Quizás la ruptura con el soberanismo transversal pueda (o no) derivar hacia un movimiento popular de clases, pero queda lejos del empoderamiento que realizaron los soviets para tomar el Poder.

Las jornadas han sido gratificantes por dos principales motivos: 1) nos han permitido conocer obras directas de la revolución rusa, sin ser estigmatizadas, versionadas, alabadas o menospreciadas. El texto directo en su contexto. Voces que estuvieron allí y que son imprescindibles de rescatar para poder comprender qué fue lo que realmente ocurrió; y 2) la posibilidad de reflexionar sobre nuestro momento, nuestras inquietudes actuales y relacionarlas con lo que fue y con otros temas como la organización de base, el feminismo, el periodismo de conciencia o la cultura de clase como mecanismo de empoderamiento.

 

Acabo de terminar de ver la primera temporada de la serie de HBO, The Handmaid's Tale (El cuento de la criada) y, aunque puede que sea pronto, considero que es una (la) serie del año. Para quién no sepa nada de ella, la historia se desarrolla en Gilead, una parte de los actuales Estados Unidos donde un gobierno teócrata y autoritario divide a la población, sobre todo a la femenina, en clases según su fertilidad (la de ellas, claro está, la masculina no se cuestiona). A través de la protagonista June/ Offredd (Elisabeth Moss), una criada esclavizada para tener un hijo de un comandante y su mujer, se nos muestra el orígen y la vida de este nuevo orden.  Igual así explicado y con el boom de series actuales no apetece y más teniendo Game of Thrones a la vuelta de la esquina, así que voy a hacer tres puntos por los que animarse a ver (si no lo han hecho ya) The Handmaid's Tale.

La historia: ¿distopía o realidad 'aumentada'? La historia nos sitúa ante un escenario distópico en un futuro no muy lejano donde en un sistema teocrático la sociedad queda dividida según su fertilidad y posicionamiento militar. Las mujeres son agrupadas en: las esposas de los hombres militares, las criadas dedicadas a la cría, las sirvientas del hogar y las educadoras. Las que no sirven para ninguna de estas tareas o comporten una conducta reprobable para el sistema son condenadas a campos de exterminio (los cuales sólo se mencionan) o directamente son asesinadas. Con aumento sí, pero sin disociar en ningún aspecto de un patriarcalismo en el que la figura de la mujer queda delimitada a los que muchos aún en día consideran la única función de la mujer: la maternidad. Mujeres (mayores) que instruyen a mujeres que crean hijos para mujeres que crían hijos. Todo en torno al concepto aristotélico de mujer-matriz.  A este sistema se llega a través del actual, donde la gente se aproxima más al sujeto-imagen que al sujeto político que verdaderamente es, donde la consciencia de clase/género es nula, donde la gente no sabe ni a quién vota, ni qué se vota ni qué leyes se firman. Cuando llega el nuevo sistema no son capaces de reaccionar porque no lo han visto venir, porque se naturalizan conceptos políticos (capitalismo, patriarcado, militarismo, liberalización) y quedan atrapados bien teniendo consciencia o bien manteniéndose en la ignorancia, elementos que se marcan profundamente en la serie.

Offred

Puesta en escena. Como hicieron ya otras grandes obras del género, se me viene a la mente 1984 Farenheit 451, la puesta de escena juega un papel primordial, casi en ocasiones, actuando de personaje. Los colores, las simetrías en el encuadre y los primeros planos, te llevan a experiementar las sensaciones de los personajes en tu propia piel. Sientes el miedo que supone pasillos de agentes (ojos) vestidos de negro con metralleta en mano separados por escasos metros y comunicándose las acciones entre sí. Da miedo la sumisión de las criadas desfilando con esa coordinación milimétrica en ciertas ceremonias.  Asfixia la represión  en las calles, en la casa y la imagen de los disidentes colgados en el muro que da al río. Los colores lo determinan todo: negro para ellos; verde para las esposas, rojo para las criadas, gris para las sirvientas y marrón para las institutrices. Todas ellas a modo de hábito monacal, capa y cofia incluidas.Grandes caserones, suelos de madera y la ausencia de tecnología, hacen que te olvides del tiempo en el que transcurre la trama y refuerza la idea de régimen teocrático. 

Lejanía del personaje coherente. La serie te cabrea un montón. En esta concatenación de historia, ambiente y mundo puesto boca abajo, es natural buscar a un personaje con el que te puedas sentir cómplice y de alguna manera introducir tu mano y romper ese sistema. Lejos de esto, los personajes, sobre todo la protagonista, se nos muestran como seres deambulantes estancados en estupideces cotidianas sin la capacidad de reacción, rabia o miedo. Aparentemente sin sentimientos ni sensaciones visibles en el sistema. Aparentemente, porque conforme va avanzando la serie, las reacciones te llevan desde una posición atónita y de incredulidad a otra de cabreo puro de contenerte el espetarle a la tele "¿por qué, estúpida?". La muestra de pensamientos de los personajes que cambian según la situación y los sentimientos que afloran en esas circunstancias hacen que los sufras y es cuando te das cuenta de que es una serie que ha conseguido que empatices y tengas ese sabor agridulce del cabreo-satisfacción-amor-ganasdemás.

"¡Oh, qué peli tan bonita! ¡Me ha encantado!"son las expresiones más comunes que se escuchan sobre La La Land. Y es que desde el primer minuto la película te embauca en un ambiente de musical feliz y colorido creando un sendero para llevarte sin titubear a ese desear ser como ellos, a ese a pesar de todo fueron felices y comieron perdices, al éxito personal.

Imágenes coloridas y alegres y pegadizas canciones al más puro estilo Hollywood o Disney (tanto da) nos cuentan una gran historia de amor sacrificada por las exitosas carreras profesionales de sus protagonistas. Una historia tan adornada y puesta en bandeja para que pasemos por ella con el resultado esperado (preciosa película, bravo) y sin cuestionarnos nada. Pero, ¿Cuál es el verdadero mensaje? ¿Qué es lo que se nos transmite? ¿Qué nos venden? Pues no es otra cosa que la ya canónica idea heteropatriarcal y capitalista donde vale más el triunfo material individualista que la posibilidad de la creación conjunta o el cooperativismo. "¿Pero cómo puedes decir eso? ¡Comunista!", me dirán, pues vamos a justificarlo.

1.- Heteropatriarcal. ¡Qué bonito es el amor, cariño, sobre todo cuando tú me guías en todo y me haces cambiar de opinión! Porque es así. La relación de los personajes es clásica y a la vez enfermiza. Él, que no tiene corcel , pero tiene un coche con el que dar bocinazos en las calles, anima a ella (desencantada ya de tanto casting fracasado) a realizar sus sueños, previamente habiéndola introducido en su mundo (el jazz, que por cierto ella detestaba al principio) y, ojo al parche, también al de ella (el cine clásico al que la lleva). La coge de la manita y con ese papel paternalista le ayuda en su momento más delicado a llevarla ante la audición definitiva en su carrera a convertirse en estrella. De él sabemos sus gustos intelectuales, de ella... bueno que quiere ser actriz. Cuando él triunfa con su grupo, ella está ahí a pesar de que no le convence. Sin embargo, cuando ella por fin representa su propia obra de teatro (y se enfatiza su fracaso), ¿dónde está él?

Y la parte que más me impresiona: el triunfo final. Sus sueños cumplidos. Él con su local de jazz, flamante, tocando en el escenario. Ella, como no podía ser de otra manera, con su triunfo como actriz y con la plenitud que toda mujer necesita para tener el verdadero éxito: un marido que la lleve en su corcel (en su coche, vale) y un churumbel, porque la familia es lo que más nos satisface, puro éxito absoluto. No vale con que ella tenga su carrera en la cumbre, necesita de los otros elementos para la plenitud. Y por si esto no fuera suficiente, quien hace la retrospectiva de cómo hubiera sido sus vidas juntos, es ella, la mujer soñadora, la romántica.

2.- Capitalista-individulista. Estamos demasiado acostumbrados a que, hasta en la películas, nos vendan ese sacrificio de no poder elegirlo todo, de tener que dirimir entra una cosa y otra, por lo general entra el amor y la carrera profesional. Y como estamos acostumbrados a tener la disyuntiva, nadie se suele plantear otras opciones que son factibles. No, todo es drama: contigo no puedo avanzar porque me estorbas, me voy, adiós, me arrepiento y muero soñando cómo podría haber sido, el éxito me necesita más que la vida. ¿Alguien se ha panteado cuánto nos limita estas concepciones en la vida real? ¿Cómo ese cuento infinitamente repetido de 'una cosa u otra' en el que lo que más importa es el individuo crea un modo simple donde no caben más opciones? ¿Nadie ve que el mensaje que se nos lanza es que 'individualmente eres más fuerte' y que sólo tienes que mirar tu ombligo para triunfar? ¿Cómo es que no pudieron construir sus proyectos en conjunto, apoyándose uno en el otro? ¿Qué tipo de adoctrinamiento es este? (No hay más preguntas, señoría).

La La Land no es más que otra película de las de siempre, de las que quedarán, (y no por el nivel interpretativo de los actores), en la mentalidad de la gente como 'película bonita'. En el mismo saco de películas bonitas como Pretty Woman o la saga de Crepúsculo, afianzando los intereses del sistema y el desinterés de la gente a criticarlo.

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Miren Artetxe (profesora de Didáctica de la lengua en la UPV y bertsolari) nos acercó al estado actual del bertsolarismo a través de la conferencia titulada L'oralitat a la cultura basca (La oralidad en la cultura vasca) celebrada e la Biblioteca Guinardó-Mercé Rodoreda de Barcelona dentro del ciclo Lletres basques. Partiendo de la regeneración lingüística del Euskara a partir del fin de la dictadura franquista, nos explicó cómo el bertsolarismo por diversos motivos ha ido evolucionando desde ese canto popular vasco reducido a zonas rurales al ambiente cultural, joven e identitario-colectivo de la actualidad.

2017ko Bertsolari Txapelketa Nagusia BEC Maialen Lujanbio. Foto de Dani Blanco.

El bertsolarismo definido como 'discurso cantado, rimado y medido', ha cambiado como parte de la evolución de la lengua, ya que, empujado por la regeneración de ésta (ikastolas, plataformas por la lengua, etc.), se crearon las bertso-eskola donde se enseñan la improvisación de los bertsos desde niños. Con la creación de estas escuelas, los jóvenes llenan  el espacio público de bertsos (también como parte de regeneración lingüística, pues entre los grupos que se crean se utiliza el euskara) lo que hace que cambien temas y referentes, melodías,  las mujeres participen y que se produzca un efecto de sofisticación, es decir, se pasa de uno tradicional, donde el protagonista era un hombre de pueblo sin estudios y cuyo discurso se basaba en una crónica social, al actual, más urbano, global y escrito.

Este cambio en el bertsolarismo, según la ponente, está íntimamente relacionado con el empoderamiento de la lengua y, en un calle de doble sentido, se nutre y reavivan ambos. Este hecho, tema de su actual tesis, sitúa a las bertso-eskolas como creadoras de hablantes activos, es decir, crea un empoderamiento lingüístico y, también (por lo tanto?), social y cultural.  Esto se consigue desde el carácter intrínseco del bertsolarismo: la improvisación. Y es que esta improvisación obliga a un dominio total de la lengua ya que al bertsolari se le proponer un tema y de ahí debe sacar los versos y entonarlos con una métrica y un tono concreto, esto es, le hace pensar. Pero también dentro de la escuela, le hace sentir, ya que deben tener una confianza suprema en el grupo y en uno mismo para eliminar las tan constantes vendas de baja autoestima, desconfianza, sentido del ridículo o vergüenza.  Pero si esto no fuera poco, a este pensar y sentir, se le añade el decir: la voz y, sobre todo, la performación del propio cuerpo (rígido, impertérrito), convirtiendo a estos jóvenes de las eskolas en agentes, en creadores de oportunidades. 

¿El bertsolarismo ha contribuído a una regeneración del euskera o viceversa? Tanto da. Lo que es innegable es que es una herramienta que ha servido como empoderamiento no sólo lingüístico, sino también social y cultural.

 

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