Domingo, 03 Diciembre 2017 16:21

Eisenstein. Memorias inmorales.

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Director de Octubre, La HuelgaEl Acorazado Potémkin... y un PERSONAJE. En su libro Eisenstein: Memorias inmorales (Torres de papel, 2014) tenemos la posibilidad de entrever cómo fue el director, sus amistades, sus preocupaciones técnicas y sus recuerdos. No se tratan de unas memorias al uso, lineales, narrativas y ordenadas, sino que más parecen unas burbujas que explotan contándote impresiones, 'ensoñaciones' como él las llama, que hacen que resalte más la personalidad y las vivencias estrafalarias del autor.

Su vida comienza  como el 'chico de Riga', hijo de un militar de alto rango zarista, educación alemana e influencia napoleónica, pero también  de la Revolución francesa y La Comuna de París que descubre en un libro de la biblioteca de su padre y que le fascina por ser un ejemplar prohibido. De su padre dice que es un tirano y gracias a la rebelión ante esa figura comienza a tener consciencia social.  Señala:

Las simientes de la protesta  social fueron implantadas en mí, no por las desdichas de la injusticia social, de las privaciones materiales, y no en una lucha zigzagueante por la existencia, sino directa y totalmente desde el símbolo maestro de la tiranía social, la tiranía paterna en la familia, la supervivencia de la tiranía del jefe del clan desde la sociedad primitiva.

Durante la Revolución rusa ejerció como ingeniero del Ejército Rojo, encargándose de las defensas a través de la construcción de puentes en Petrogrado y Jolm, donde cuenta una experiencia casi mística en un kúlak. Después de esto y con las imágenes de  la guerra en su cabeza comenzó la producción de su obra cinematográfica, imágenes que utilizó claramente en Octubre, Potemkin y Alexander Nevsky. Relata cómo rompe con el Proletcult y lo acoge la revolucionaria Nina Agadzhanova 'Nooneh' y  cómo un día se levantó famoso, con Potemkin y eso le llevó a tener una vida dedicada a las conferencias, a los viajes y a uno de sus objetivos: Hollywood.

Es en esos viajes donde se nos presenta al autor más loco, al personajón.  Su conferencia en la Sorbonne, donde la censura impidió la proyección de Lo viejo y lo nuevo, acabó con la irrupción de la policía en la universidad y la expulsión de Eisenstein de Francia. 7 días le dieron y fueron 7 días de encuentros con una variedad de personajes públicos que van desde Moritz, Painlevé,  Etienne de Beamount, el nieto de Victor Hugo, Paul Éluard (con el que se ve involucrado en un escándalo en el teatro) hasta Cocteau, al que le dedica un capítulo aparte. Explica los motivos de su expulsión y parece ser que fueron por temas religiosos y firmados directamente por orden papal.

Continuando su viaje, nos habla de  en el 'Congreso de cineastas independientes de La Sarraz' (1929) y de su encuentro con Pirandello, del que era un gran amigo, y cómo éste le proporciona una reunión con el banquero y productor de Paramount, Otto H. Kahn en Berlín del que saldría un acuedo para ir a Nueva York y luego a Hollywood para hacerse cargo de rodar Una tragedia americana, que en palabras del autor era un caramelo envenenado que ofrecían a todos los directores extranjeros. La lucha política y, sobre todo, económica entre MGM y Paramount y un contrato en el que él tenía capacidad de veto, hizo que la relación saltara por los aires y que Eisenstein se viera obligado a marchar primero a Buenos Aires y luego a México, donde residió un tiempo y quedó enamorado de sus colores, su mezcla de catolicismo y paganismo y su burla hacia la muerte y del que dice " México- lírico y tierno, pero también brutal".

Pero no habla de más de su vida en actos, ni de su regreso a la URSS, tampoco de la relación con el gobierno de Stalin (del que por las notas de sus alumnos en el libro, no parecen muy buenas). Sí que nos muestra su curiosidad por los libros y las librerías, capítulos que son una gozada para los librófilos y que muestran la gran cultura y su amor por ellos. "Los libros se aferran a mí. Bajan volando hacia mí, corren hacia mí, se me pegan", dice, mientras te describe una librería en Riga, Petrogrado o París. También, sus incertidumbres sobre la parte técnica del cine: la introducción del color, la mejora del sonido, el cine intelectual, el concepto de imagen como creadora de emoción y a la vez de concepto. Nos habla de su cine, anécdotas que inspiraron ciertas escenas de sus películas, proyectos desechados y proyectos futuros como la frustrada película sobre el poeta Púshkin.

El libro es una joya para aproximarte al director y su obra. Es divertido, entusiasta, loco y completo conceptualmente. No es una autobiografía ni unas memorias aburridas; tampoco es inmoral y de eso te avisa al principio el autor. Es un buen relato casi de ficción que bucea a veces en el ensayo teórico de una manera muy liviana y que lo hace ser un libro muy recomendable.

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Memorias inmorales ficha
Ficha libro Memorias inmorales de Eisenstein.
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