Jueves, 05 Abril 2018 08:37

'Mujeres, raza y clase' de Angela B. Davis.(I) El racismo institucional.

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Mujeres, raza y clase de Angela B. Davis desarrolla en diferentes aspectos y de forma cronológica el sometimiento capitalista por razones sexistas, racistas y de clase. Comenzando desde la época de esclavitud en USA, desgrana la evolución del feminismo en diferentes vertientes y cómo las cuestiones raciales y de clase afectaron (y siguen afectando) al desarrollo de la lucha por la igualdad de la mujer. A lo largo de las diferentes épocas y temáticas, nos permite conocer a diversos referentes feministas que por un punto de vista colonialista y de creación de relato nos pueden ser más desconocidos,tales como Ella Reeve Bloot, Myrtilla Miner o Ida B. Wells. En este primer texto trataré de resumir la cuestión racial, cuestión que desarrollará a lo largo de todo el libro y que se irá relacionando con los otros temas claves: el sexismo y la violación como arma y el capitalismo como motor de las desigualdades y creador de conflictos.

El racismo lo aborda desde la esclavitud, momento que describe desde una óptica feminista tratando elementos como la violación o la propiedad de los cuerpos. Explica, con mayor profundidad y análisis, los inicios de dos luchas, el feminismo sufragista y el abolicionismo de la esclavitud y su unión inicial. Esta unificación fue enérgica en sus principios. Pronto figuras como las hermanas Grimke conectaron la esclavitud con la opresión femenina, con lo que se llamaba a las mujeres a hacer un rechazo público de la esclavitud creando asociaciones y conferencias en ese sentido. Pero esa unión que veía el abolicionismo de la esclavitud como una herramienta para conseguir los intereses sufragistas de las mujeres, se decantaría hacia una postura segregacionista y supremacista blanca. Las leyes, por puro interés estratégico capitalista de control del Sur, concedieron el voto a los varones negros y, como consecuencia, dejaron olvidadas las peticiones de sufragio femenino, llevando a las mujeres (blancas, de clase alta) a ver sus demandas reflejadas en demócratas como George Francis Train cuyo lema era “la mujer primero, el negro el último”.

Las mujeres privadas del voto azuzando con el más rabioso racismo, el capitalismo del norte avanzando hacia el sur y posturas que se volvieron más conformistas, como la de Douglas, funcionaron perfectamente para separar las luchas.¿Con qué fin? El peor esperado: mantener al hombre blanco como único elector. Tras la firma de la 14ª y 15ª enmienda que conceden el derecho a voto a todos los varones sin discriminación de raza, se impidió de diversas formas (leyes locales, agresiones físicas, papeletas diferentes que no cuentan) el voto negro en el sur, es decir, las mujeres se quedaron en una primera estancia sin poder votar y los hombres negros, por otras leyes, con la negación del mismo derecho.  

La abolición de la esclavitud no supuso para muchos un gran cambio en sus vidas: la gran mayoría seguía trabajando en las mismas tareas con sueldos insignificantes y largas jornadas de trabajo. Su tiempo de trabajo seguía siendo esclavo y sus derechos seguían pisoteados. El derecho a voto eliminado y la creación de leyes segregacionistas como la de Jim Crow, que prohibía los matrimonios mixtos y creaba vagones separados en el transporte público, son claros ejemplos del racismo institucionalizado, es decir, la segregación racial como norma, además de las agresiones físicas y sexuales que se continuaban dando como herencia directa del esclavismo y su mirada de propiedad hacia el otro.

Las leyes no fueron únicas en segregar: el racismo institucional hizo que la sociedad aceptara y normalizara rápidamente esta división. Hasta tal punto que los ex esclavos fueron denostados a los trabajos que realizaron tradicionalmente y el concepto de servicio fue asociado a los negros. “Los negros son criados y los criados son negros” era un pensamiento común. Y como detalle: hasta la II Guerra Mundial, no hubo un ingreso de población negra en el sector de la industria, con lo que hasta esa fecha se continuaron los roles esclavistas de servidumbre.

El racismo institucional y social es una cuestión que no ha menguado, pues se trata de  una pieza elaborada y crucial para mantener el sistema tal y como lo conocemos. Es muy fácil asociar comportamientos descritos en el libro con hechos racistas en la actualidad. No hay más que echar un vistazo a las actuaciones policiales donde se asesinan a negros desarmados; o la actuación institucional (y capitalista) en la catástrofe del Katrina de 2005. ¿Es un mal endémico que se puede eliminar sin analizar el sistema capitalista? ¿Sin tener en cuenta otras luchas y ver que éstas se generan desde la misma raíz? ¿El racismo está tan institucionalizado que no se tiene en cuenta en otras luchas? ¿Nuestra mirada es etnocentrista y colonialista? Preguntas que se generan tras la lectura y que debemos resolver si queremos acabar con el racismo.

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